En esta ocasión hablaré sobre unas personas muy especiales en mi vida. Las conozco desde que entre a la universidad, al principio no nos hablábamos mucho (digamos que eramos compañeras de la misma clase). El tiempo ha pasado, son casi tres años y medio desde ese viernes que en medio de la lluvia fuimos por unas cervezas y platicamos como si nos conociéramos de antes.
He aprendido muchísimas cosas de ellas pero no puedo decir que las conozco al 100% y realmente no espero que sea así, creo que eso es lo que hace la vida más interesante, esa chispa de lo incierto es lo que le da emoción a cada día que vivimos.
Ellas han sido esenciales en mi vida, han estado (y sé que seguirán estando) siempre que las necesito, me han brindado su apoyo en los momentos difíciles (y vaya que los ha habido) sin duda hay muchas virtudes que reconocerles, son inteligentes, simpáticas, honestas, bonitas, pero si hay algo que realmente admiro de ellas es su sinceridad. Sabes que has encontrado a un amigo cuando puedes hablar con él o ella con la verdad, sin necesidad de disfrazar las palabras o decir las cosas sutilmente.
Tal vez se pregunten de quién estoy hablando, y la única respuesta que tengo es que aquellas personas que me conocen o creen conocerme sabrán de quien hablo.
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